Un Tour de Francia para olvidar

El vuelco inesperado del penúltimo día no ha ocultado la decadencia evidente de la carrera, que necesita un revulsivo.

Este domingo ha terminado el Tour de Francia 2020, una edición atípica por las fechas en las que se ha celebrado, pero en la que se han repetido los habituales patrones de los últimos años: falta de competitividad y conformismo por parte de corredores y directores deportivos, responsables también del desarrollo de la carrera.

El gran duelo, muy polarizado, entre bloques, Jumbo-Visma contra Ineos (antiguo Sky) fue la carta de presentación de esta edición. También un recorrido muy alejado del modelo clásico de la ronda francesa, sin apenas km de contrarreloj, corto kilometraje de las etapas y elementos más propios de las otras dos grandes, como los finales explosivos de la Vuelta o el sterrato del Giro.

Fin de la era Sky-Ineos

Lo primero no se ha llegado a cumplir. El equipo Sky-Ineos ha fracasado por primera vez en ocho años en su carrera fetiche. Su líder, Egan Bernal, se desfondó en la etapa 15 y abandonó dos días después, mostrando una imagen preocupante y dejando muchas dudas con respecto a lo que resta de temporada y la siguiente.

El segundo elemento de entrada en este Tour, el recorrido, habrá satisfecho las expectativas de la organización, pero no las del grueso de los aficionados y del sector más «purista» de la prensa. ASO buscaba una general muy apretada hasta la crono final para mantener el suspense y lo ha conseguido, aunque por el camino haya dejado etapas extremadamente aburridas. Han tenido suerte, aunque no todos los años ha sucedido así (por ejemplo en los Tours de Froome).

Entre los aficionados más fieles, sin embargo, reina un sentimiento de apatía y enfado con la, en teoría, mejor carrera ciclista del mundo. Es así por la falta de combatividad general, la ausencia de ataques, de movimientos tácticos y el notorio poco desgaste e improvisación de los corredores en muchas etapas, especialmente las llanas.

El ciclismo de bloques, en entredicho

No obstante, y aunque el futuro de la carrera no parece avanzar grandes cambios en el modelo de recorrido a corto plazo, este Tour de Francia 2020 deja un mensaje importante y un poco esperanzador de cara al futuro: el ciclismo de los superequipos ha quedado en entredicho.

El fin de la dominancia de Sky-Ineos y el fracaso del Jumbo-Visma en este Tour abren la puerta, en este cambio de década, a un ciclismo de grandes vueltas más descontrolado y abierto, más individual y por consiguiente, más atractivo para el aficionado. La victoria de Pogacar lanza, de manera velada, un mensaje de que el ciclismo se revaloriza cuando es más individual que colectivo, cuando es más imprevisible que previsible.

Un Tour de relevo generacional

Por otro lado, este Tour de Francia 2020 ha sido la edición del relevo generacional, que ya adelantó la edición de 2019, con el triunfo de Egan Bernal. Dos corredores de esta nueva hornada de campeones destacan por encima de todos ellos: Marc Hirschi, corredor más combativo y ganador de etapa, y Tadej Pogacar.

El primero ha sido la revelación de este Tour, el descubrimiento de un gran corredor. El suizo de 22 años es un ciclista total, ambicioso, con mucha calidad. Puede ser uno de los grandes animadores y, por qué no, aspirante, de los próximos años.

El segundo, Tadej Pogacar, de su misma edad, ha conseguido ganar el Tour en, prácticamente, una sola jornada, con unas prestaciones en la crono final asombrosas e impropias de un debutante en la carrera. Ha ganado además el maillot de la montaña, el de mejor joven y tres etapas. Un botín difícil de igualar, que hace definirlo como un gran campeón en ciernes.

Y un balance global muy pobre

A pesar de estos detalles, en el balance general, será un Tour de Francia 2020 que pase a la historia sin mayor relevancia. Una carrera que, ni mucho menos, ha sido la mejor de lo que llevamos de temporada y sólo su participación, prestigio y trayectoria histórica siguen manteniendo la expectación mediática.

Sólo queda esperar, que en esta próxima semana, el Mundial de ciclismo acabe con la mediocridad competitiva y regrese un ciclismo de calidad y entretenido para lo que resta de temporada.

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